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Me dijeron que escribir un blog era buena idea. Por eso decidí comenzar y tomé como pretexto mis pensamientos preliminares antes de cumplir 25 años, el cuarto de vida, dónde se supone que “debería” saber mi camino y qué es lo que tengo que hacer. Es esa edad rara (junto con todas las demás) donde eres muy viejo para tomar decisiones y muy joven para quejarte y desistir. 

Debo confesar que me gusta escribir, pero cuando lo hago estoy bañada en furia y llanto, dolor y sufrimiento transformado en: “Los soundtracks más tristes de las series de televisión”. Las ideas salen como un huracán y cuando releo ese momento está lleno de frases aleatorias de malentendidos y supuestos. En fin.  

¿Cómo comienzo a expresar mi malestar contra la vida, mi vida?, ¿Cómo ordenar todos los pensamientos que generan pánico en mí? La película que yo hago en mi cabeza. Estoy en terapia psicológica desde hace meses, me diagnosticaron trastorno depresivo mayor, posible alcoholismo y una personalidad límite. Hasta yo imagino que soy la peor persona del mundo.  

A veces me hago la pregunta: ¿Quién se sentirá como yo?, a veces me da miedo ser yo misma y tratar de explicar del porqué de las cosas que me conforman, un ejemplo es: Un tiempo decidí dejar de usar playeras o blusas de manga corta, gracias a los episodios de autolesión que llevaron a tasajearme los brazos, como si fueran una especie de interruptor que cegara el dolor relacionado con mis fallos como persona, en el amor (sobre todo con el amor) y algo llamado: Los pensamientos malos (término que explicaré más adelante). 

 No me gusta lucir mis tatuajes por esa razón, si en vez de esa ilustración de mi piel se enfocan en las heridas creerán que estoy trastornada y posiblemente loca. También sufro de episodios de pánico y depresivos que consisten en echarme en cama un día completo y llorar como si alguien hubiera muerto, pero en realidad lloró por la muerte de mi futuro; de no poder ser quien yo quiero, con todos los aspectos de su vida cubiertos, como: empleo, la forma indicada para que me expresen amor cuerpo perfecto, nariz perfecta, situación económica estable, una propuesta de matrimonio, Honestamente siento envidia de todas las personas que presumen los sucesos agradables que les pasan en sus vidas y me preguntó: ¿Por qué no me pasa eso a mí?   

Durante estos 25 años aprendí una valiosa lección: Nunca centres tu felicidad en una sola cosa o persona. Pero es muy complicado encontrar una distracción, cuando no tienes nada claro, se reduce a la interrogante: ¿Qué es lo que quiero ser? Es una pregunta bastante difícil porque no tengo idea, los momentos que me marcan vienen como torbellinos hacen un desastre y yo quedo parada despeinada, esperando que a todo se arreglé con solo cerrar los ojos, poniéndome un interruptor en cerebro que se apagará cuando yo decida acabar con mi vida. 

“Los pensamientos malos”, el momento en el que yo me pongo “loca”, me vuelvo un monstruo, me dan ganas de quitarme la piel y arrancarme el cabello, termino harta de mí. Todo empieza como un punto en el papel, la idea clave y paranoica de que lo peor podría pasarme, como: “Mi novio está cogiéndose a otra; Estoy pesando más de 55 kg.; Soy demasiado horrenda, hasta yo me engañaría; Mi novio está volviendo a platicar con la perra de su ex; Vas a morir sola porque a nadie le interesas; ¿Enserio te comerás eso, no crees que estás muy gorda?; Si tu novio termina contigo estarás viviendo en la calle…”. Así y un millón de conjeturas más que me hacen perder el control porque así funciona mi mente, como abejas enojadas que llenan mis neuronas de pensamientos inverosímiles acerca de la porquería de persona que soy y que merezco maltrato. 

Después del pensamiento viene la acción, mi impulsividad que radica en: llorar sin parar como en estado de crisis, la autolesión al no saber enfocar toda esa ira reprimida, me convierto en una olla express. Incito a la gente a mi alrededor que se destruya conmigo, compramos un cartón de cervezas posteriormente agarro borracheras hasta al amanecer, empiezo a coquetear con los presentes, a mendigar un poquito de atención, de cariño. Soy el alma de la fiesta, esa persona desinhibida que deja de llorar, para sentirse una basura a volverse una estrella, una ganadora… 

Pero se termina y yo amanezco en casa con una resaca terrible, con nauseas, la ropa hecha un asco y con la cruda moral de haberle faltado el respeto a mi novio, tal vez preocupe a mi mamá llamándole perdidamente borracha, a lo mejor me peleé con otra chica en un bar, posiblemente haya mal copeado y empecé a maldecir y a correr sin zapatos hasta caerme. Toda una calamidad. No puedo terminar ese círculo vicioso porque aprendí a auto destruirme para evadir la decepción, la tristeza y todo lo que conlleva una de mis crisis.  

Lo mismo pasa con las ganas de encontrarme con alguien, un amigo, un desconocido, un compañero de trabajo, un antiguo amante de la universidad. Imagino los diversos escenarios, me volví en una experta en ocultarme, en mirarlos a los ojos y saber qué quieren de mí, la mayoría de las veces es sexo. Cuando bajé de peso me sentí atractiva, recibía atención de lugares inesperados y de personas esperadas. En ese momento no sabía si lo quería, pero al sentirlo, al disfrutarlo, descubrí que era lo que necesitaba, por eso, cada vez que me sentía llena de rabia la forma de curarla era acostarme con alguien, y combinado con alcohol era lo máximo.  

Recuerdo una cita de una serie de televisión deprimente que alguna vez vi, decía algo como esto: “Me lo follo todo, es lo único que puedo dar, y el día que dejen de hacerlo deberían matarme, porque es lo único que sé hacer”.  

Estoy en la búsqueda constante de emociones fuertes, no que me hagan feliz, solamente que me hagan pasar de un pensamiento malvado a sentir adrenalina, que el resultado sea eufórico, doloroso o memorable, por eso la mayoría de las veces recurro a la alternativa rápida como: el alcohol, al sexo o las drogas. Me gusta aplazar todo al último momento, me gusta tomar riesgos y tentar los límites, como: planear un viaje en menos de 3 meses o decir el primer “Te amo”. Sí estoy loca, por eso no me gusta que nadie me conozca, que nadie vea el ser extraño que soy.  

A veces tengo las intenciones de vivir rápido para morir rápido, sin quedarme ganas de nada, haciendo las cosas que se me ocurren en el momento. ¿Quién quiero llegar a ser? No lo sé. Lo único que quiero es quitarme el “estúpido” sentimiento de que no valgo nada o que fracasaré en todo lo que decida hacer. Pero como dicen las personas en recuperación: “Vamos un día a la vez”.  

Así que la moraleja o el mensaje que quiero dar antes de cumplir 25 es: Brindo por ello, a partir de los 20 todo se fue en picada, pero es una mierda vivir deprimida, caerte en el hoyo de esperar que las cosas pueden arreglarse por sí solas, no centres tu felicidad en un novio, en el matrimonio, en un trabajo, en una actividad, sumérgete en todos los momentos que quieres hacer y lograr, aunque te cueste el pellejo. Enamórate de ti mismo, Ódiate, compra boletos para el teatro y canta canciones, cualquier cosa absurda que te llene el alma, que por eso estamos aquí. El suicidio no es una opción, si es necesario comienza de nuevo, llora, deprímete, pero no lo hagas permanente porque la vida no espera solamente es pasajera y único que nos queda es seguir.  

Brindo por todos los mortales que pasaron los 25 años y aún siguen con nosotros.  

Salud, con todo mi amor y sinceramente suya…. 

Taciturna anónima.  

 

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