Milagro

Mi parte frontal estaba vulnerable  

Necesitaba fundirme en un abrazo  

Sentía ese ambiente agonizante  

Esperando que me matara paso a paso  

Quería respirar por medio de suspiros  

Navegar entre tus brazos.  

Se mezclaron nuestras humedades  

Bailando al ritmo de peso y caderas  

Se escuchaban gritos alarmantes  

Como una ardua pelea entre fieras.
 

Si me pierdo en la abundancia de tus pestañas  

Rescátame con los ojos iluminados de alboradas  

Compartamos el aliento, el aire que nos falta 

Sigamos en el momento, una sonrisa que me ata. 

Embriágame de entusiasmo y rebeldía  

Corazones desgarrándose sin dejar heridas  

Escribo versos con mis dedos desde tu espalda  

Hasta la despedida, eres más que las manos que me desvestían.  

 

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La rutina

Soltar las puntadas de mis intestinos, atorando el hilo en mi garganta.  

La noche rugía a las 4 de la mañana y la cama nos amordazaba,  

respiramos con vértigo y calma, nos metemos una sonda de aire fresco. 

Esmeradamente cosida a ti, al sueño y a las sabanas limpias.  

Bañada con agua del sol, esperando convertirme en animal,  

uno que gima de devoción, en vez de suplicar para descansar. 

Palpita la espalda roja, me deslavo como acuarela,

domados con la ropa, irresponsables del tiempo.  

Una migaja de respiración que nos deslinda de nuestra voluntad,

nos ponemos una correa para no despistarnos en regresar. 

Abro la puerta, un beso a tu frente y tus manos tristes,

hay que cumplir para asentarse, pero también para alejarse…

Como manecillas, como jornada nos perdemos en un camino cálido.

La cita empieza con las luces apagadas y termina de la misma forma durante los buenos y malos días.

Intento encontrarme, ofrendando lo que no se adolece, deseando un trozo de la verdadera vida.

 

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Soga

Se aproxima el fin de año, hace me hicieron poco una pregunta: ¿Cuántos libros has leído?¿Has escrito lo suficiente? Fue una pregunta difícil de resolver ya que la actividad de la lectura no la he ejercido de manera constante debido a los cambios de horarios que ha manifestado mi vida en los últimos meses. En materia de la escritura, pues se volvió paradójicamente mi oficio.  

La depresión no ha cesado, gracias a diversos factores como: Me enteré que mi novio guardaba (de nuevo) el contacto de su ex novia; este año subí 10 kilos; una persona hackeo mi Facebook, publicando en mi nombre servicios sexuales como hacer blowjobs. En fin, siento una soga que aprieta mi cuello y deja marcas, me oprime y solo espero tener un lapso para que mi valentía salga por los poros y de una vez saltar al vacío. 

Estos días todo lo que ingiero ha salido de mi estomago en forma de vómito; también encuentro alivio llenándome de falso hedonismo por comprar objetos superficiales como ropa, zapatos o un celular nuevo. Lo anterior cura mi ansiedad, aunque sea por un rato.  

Estoy escribiendo una “novela”, llevo 20 cuartillas, creo que es un buen comienzo. He estado leyendo poesía triste y sin un fin particular por autores como Sylvia Plath o Fernando Pessoa. La poesía o las lecturas era algo que podía transmitir a las personas que me seguían en mis redes sociales. Hoy se acaba de terminar eso porque di de baja mi Facebook, gracias a la humillación pública de un hacker anónimo.  

Hace poco empecé a obsesionarme con mi salud mental, concluí que no soy normal, mi tristeza tampoco lo es, no es un sentimiento, más bien es una enfermedad.  Porque mis arranques de ira, de tristeza infectan a los demás como si fuera una especie de virus, una vez que empiezo a sentirme mal es inevitable que no arrasé con los demás.  

Ya no quiero vivir así, me siento desesperada, angustiada, tengo insomnio recurrente al menos 3 veces a la semana; mi cerebro empieza a crear historias con finales fatalistas. Después no recuerdo como concilié el sueño, pero despierto con tremendas ojeras.  

-Piensa positivo- Es algo que no dejo de pensar y relacionar con el año que llevo de terapia, manifiesto hartazgo hasta del más mínimo detalle. Simplemente estoy cansada y realmente no sé cómo quitarme todo el peso que estoy acumulando.  

Algunas veces siento que estoy llegando al límite. 

La satisfacción

 

Las emociones son poderosas. En el momento donde somos víctimas de las sensaciones que nos hacen hervir la sangre, enrojecer la piel, reír hasta llorar, nos damos cuenta hasta donde podemos ser transgredidos por ellas.  

Padezco depresión (diagnosticada) desde casi un año. No sé qué hacer, hay días que  siento que debería salirme de mi piel y perseguir a un sujeto invisible que tiene la clave de la felicidad entre sus manos. Tengo la esperanza que un día despertaré y desconoceré la melancolía que me invade.  

El equilibrio de razón con emoción es un trabajo constante y complejo. La terapia me ha ayuda mucho a localizar las raíces del problema, a tener una dimensión y sobre todo a contar con herramientas para poder resanar todo tipo de fracturas. No todo se solucionó de la noche a la mañana, pero puedo decir que cada vez que tengo una buena perspectiva, las cosas obtienen noción de ser.  

Esta semana he tenido un progreso significativo. 1.- Deje de sentir culpa por mis acciones pasadas y comencé a responsabilizarme de estas. 2.- Todos los problemas tienen su propio tamaño. 3.- Simplemente deja pasar las cosas, no trates de cambiarlas. 4.- Eres escritora, sé escritora.  

Estás cuatro lecciones suenan bien, sencillas y fáciles de comprender; cuesta mucho trabajo rescatarlas tras tantas pilas de mierda, es como encontrar oro en el estiércol. No cantaré victoria porque aún tengo más que madurar, procesar y aprender. Sin embargo, en cada situación donde obtengo el control, mis entrañas se llenan de satisfacción.  

Mala

28 de septiembre 2018  

Sigo sufriendo los estragos de la noche del 15 de septiembre, mi mente está llena de blackouts, recapitulo esa noche como si jamás hubiera pasado, como si fuera una pesadilla. Quiero pensar que fue así.

Recuerdo que alguna vez me dijeron, “No puedes cambiar el pasado, lo único que puedes hacer es aceptarlo y las cosas comenzarán a cambiar para ti.” Me siento culpable, tan mala persona, tuve 2 crisis esta semana, quisiera que mi mente se borrará y la de todos los demás que fueron a la fiesta. Cada vez que cierro los ojos siento la mirada de todos los presentes, veo a mis amigos que me sujetan para que deje de amedrentar a los demás. Estaba completamente desconectada de mi realidad.  

Sobria. Esa palabra me la repito constantemente, esa es la meta. “Mantente sobria una semana, un mes, el resto del año…” y cuando por fin siento la confianza de que puedo manejar mi estado de abstinencia, ya estoy bebiendo de nuevo. Estoy en la cuerda floja, los extremos se están pelando y cualquier paso en falso, caeré al vacío.  

Algunas veces dicen que la salud o las enfermedades mentales no existen, que lo más poderoso que tenemos es la fuerza de voluntad. Los cambios que necesitamos en nuestra vida deben ser generados por nosotros mismos, pero, ¿qué pasa cuando buscas ayuda? Avanzas un poco, pero retrocedes años luz, mis emociones y situación son un boomerang, siempre vuelvo al mismo lugar de ebriedad, ira y depresión. Lastimo a la gente que quiero, no respondo cuando necesitan de mi ayuda, me dan ganas de llorar profundamente cuando empiezo a pensar que soy mala persona y no puedo hacer nada para solucionarlo, ya cometí tantas acciones impulsivas que han formado la peor versión de mí.  

¿Por qué están difícil cambiar y hacer un adecuado balance entre todos los aspectos de la vida? A veces encuentro la respuesta y después me arrepiento de haberla escogido. Estoy perdida entre los escombros, ya me hice a la idea de que soy una persona mala y posiblemente empiece a perderlo todo porque me cuesta mucho trabajo cambiar.

Caída en picada

05 de septiembre 2018

¿Cómo van los 25? Respuesta: Bien. No me quejo.

Al parecer hay algunas cosas que han puesto en orden después de todo el caos que se generó desde inicios del año, como: Tengo un trabajo como redactora en una agencia de publicidad (así ñ es he abandonado las bibliotecas), leo un poco más, extiendo algunas horas a la poesía y a la novela del género negro o domestic noir. Escribo más, como si un faro en mi cabeza alumbrara todos los rincones de mi mente como la luz que está en el pasillo y no te deja dormir, estoy más avispada que nunca.

En cuanto al amor, mi novio y yo estamos más unidos que nunca, bromeamos, vemos series juntos, nos acabamos los paquetes de choripanes. El roomie argentino empezó a quererme, siento a todos como si fueran parte de mi familia. La familia ecléctica que nos ha costado formar. Sin olvidar a nuestras mascotas: Nosé, Waza y Tona, que son parte de nosotros, sin duda.

También empezó a importarme un carajo con quien habla mi novio y el tiempo que dedica en responderme, parece como si un hada mágica me hubiera puesto una inyección y le resté valor a los acontecimientos que pasaban dentro de mi mente: los pensamientos malos.

Llevo 3 semanas sobria de enojo, odio, auto lesión… Me he sentido bien y verdaderamente lo disfruto…

Hoy es 21 de septiembre y volví a cagarla, siento que mi vida es una montaña rusa, unas veces estoy en la cima, tengo la confianza de que he superado los obstáculos, los estigmas y en cuanto menos lo espero, en una fiesta de Día de la Independencia me emborraché y empecé a sacar mi monstruo interior. Invité a mis amigos, mi novio invitó a sus amigos, durante la noche lo agredí físicamente al grado de lastimarlo, lo expuse, me expuse y ahora me muero de vergüenza. Les arruiné la noche a todos. A partir de ese día está la voz de mi cabeza que me lo recrimina a cada rato.

“Eres una estúpida, estabas sobria, las cosas con tu novio iban de maravilla y la cagaste.”

“Quedaste como una loca, ¿Quién le pega a su novio de esa manera?”

“No puedes mantenerte sobria.”

“Eres una pila enorme de mierda y basura. ¿Por qué no te das un tiro o te tiras a las vías del metro? Así causarás menos daño.”

Mi culpa ocupa dimensiones excesivamente enormes, le he comprado a mi novio regalos caros (tengo las tarjetas hasta el tope), me pongo de tapete para que pise cada centímetro de mí con tal de que me perdone y no se valla. He tenido pesadillas donde todos los asistentes de la fiesta me golpean en los riñones, escupen encima de mí, una orquesta demencial que me duele hasta el alma, es tan lúcido que despierto sudando, gritando: ¡Auxilio! y finalmente lloró. Busco las palabras correctas para pedir perdón quisiera desaparecer, tener una pistola y volarme los sesos porque quiero desaparecer la locura y la impulsividad.

Empiezo a odiar a los de mi trabajo, no quiero que nadie se me acerque, dan las 6 p.m. y quiero salir corriendo no sé a dónde, acabo de recaer a los mismos hábitos nocivos que destruyen mi vida. Soy el peor ser humano que conozco y nadie me entiende, quiero estar sola y a la vez no, para mí la soledad es lo peor que puede pasarme porque estoy con el enemigo: Yo.

Llego a casa, necesito cegar el dolor, un rastrillo suena bien, dos, tres cortadas y a dormir. No es un buen momento para mí, ni para los que me rodean, soy un peligro.

Otra vez fracasé.

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Me dijeron que escribir un blog era buena idea. Por eso decidí comenzar y tomé como pretexto mis pensamientos preliminares antes de cumplir 25 años, el cuarto de vida, dónde se supone que “debería” saber mi camino y qué es lo que tengo que hacer. Es esa edad rara (junto con todas las demás) donde eres muy viejo para tomar decisiones y muy joven para quejarte y desistir. 

Debo confesar que me gusta escribir, pero cuando lo hago estoy bañada en furia y llanto, dolor y sufrimiento transformado en: “Los soundtracks más tristes de las series de televisión”. Las ideas salen como un huracán y cuando releo ese momento está lleno de frases aleatorias de malentendidos y supuestos. En fin.  

¿Cómo comienzo a expresar mi malestar contra la vida, mi vida?, ¿Cómo ordenar todos los pensamientos que generan pánico en mí? La película que yo hago en mi cabeza. Estoy en terapia psicológica desde hace meses, me diagnosticaron trastorno depresivo mayor, posible alcoholismo y una personalidad límite. Hasta yo imagino que soy la peor persona del mundo.  

A veces me hago la pregunta: ¿Quién se sentirá como yo?, a veces me da miedo ser yo misma y tratar de explicar del porqué de las cosas que me conforman, un ejemplo es: Un tiempo decidí dejar de usar playeras o blusas de manga corta, gracias a los episodios de autolesión que llevaron a tasajearme los brazos, como si fueran una especie de interruptor que cegara el dolor relacionado con mis fallos como persona, en el amor (sobre todo con el amor) y algo llamado: Los pensamientos malos (término que explicaré más adelante). 

 No me gusta lucir mis tatuajes por esa razón, si en vez de esa ilustración de mi piel se enfocan en las heridas creerán que estoy trastornada y posiblemente loca. También sufro de episodios de pánico y depresivos que consisten en echarme en cama un día completo y llorar como si alguien hubiera muerto, pero en realidad lloró por la muerte de mi futuro; de no poder ser quien yo quiero, con todos los aspectos de su vida cubiertos, como: empleo, la forma indicada para que me expresen amor cuerpo perfecto, nariz perfecta, situación económica estable, una propuesta de matrimonio, Honestamente siento envidia de todas las personas que presumen los sucesos agradables que les pasan en sus vidas y me preguntó: ¿Por qué no me pasa eso a mí?   

Durante estos 25 años aprendí una valiosa lección: Nunca centres tu felicidad en una sola cosa o persona. Pero es muy complicado encontrar una distracción, cuando no tienes nada claro, se reduce a la interrogante: ¿Qué es lo que quiero ser? Es una pregunta bastante difícil porque no tengo idea, los momentos que me marcan vienen como torbellinos hacen un desastre y yo quedo parada despeinada, esperando que a todo se arreglé con solo cerrar los ojos, poniéndome un interruptor en cerebro que se apagará cuando yo decida acabar con mi vida. 

“Los pensamientos malos”, el momento en el que yo me pongo “loca”, me vuelvo un monstruo, me dan ganas de quitarme la piel y arrancarme el cabello, termino harta de mí. Todo empieza como un punto en el papel, la idea clave y paranoica de que lo peor podría pasarme, como: “Mi novio está cogiéndose a otra; Estoy pesando más de 55 kg.; Soy demasiado horrenda, hasta yo me engañaría; Mi novio está volviendo a platicar con la perra de su ex; Vas a morir sola porque a nadie le interesas; ¿Enserio te comerás eso, no crees que estás muy gorda?; Si tu novio termina contigo estarás viviendo en la calle…”. Así y un millón de conjeturas más que me hacen perder el control porque así funciona mi mente, como abejas enojadas que llenan mis neuronas de pensamientos inverosímiles acerca de la porquería de persona que soy y que merezco maltrato. 

Después del pensamiento viene la acción, mi impulsividad que radica en: llorar sin parar como en estado de crisis, la autolesión al no saber enfocar toda esa ira reprimida, me convierto en una olla express. Incito a la gente a mi alrededor que se destruya conmigo, compramos un cartón de cervezas posteriormente agarro borracheras hasta al amanecer, empiezo a coquetear con los presentes, a mendigar un poquito de atención, de cariño. Soy el alma de la fiesta, esa persona desinhibida que deja de llorar, para sentirse una basura a volverse una estrella, una ganadora… 

Pero se termina y yo amanezco en casa con una resaca terrible, con nauseas, la ropa hecha un asco y con la cruda moral de haberle faltado el respeto a mi novio, tal vez preocupe a mi mamá llamándole perdidamente borracha, a lo mejor me peleé con otra chica en un bar, posiblemente haya mal copeado y empecé a maldecir y a correr sin zapatos hasta caerme. Toda una calamidad. No puedo terminar ese círculo vicioso porque aprendí a auto destruirme para evadir la decepción, la tristeza y todo lo que conlleva una de mis crisis.  

Lo mismo pasa con las ganas de encontrarme con alguien, un amigo, un desconocido, un compañero de trabajo, un antiguo amante de la universidad. Imagino los diversos escenarios, me volví en una experta en ocultarme, en mirarlos a los ojos y saber qué quieren de mí, la mayoría de las veces es sexo. Cuando bajé de peso me sentí atractiva, recibía atención de lugares inesperados y de personas esperadas. En ese momento no sabía si lo quería, pero al sentirlo, al disfrutarlo, descubrí que era lo que necesitaba, por eso, cada vez que me sentía llena de rabia la forma de curarla era acostarme con alguien, y combinado con alcohol era lo máximo.  

Recuerdo una cita de una serie de televisión deprimente que alguna vez vi, decía algo como esto: “Me lo follo todo, es lo único que puedo dar, y el día que dejen de hacerlo deberían matarme, porque es lo único que sé hacer”.  

Estoy en la búsqueda constante de emociones fuertes, no que me hagan feliz, solamente que me hagan pasar de un pensamiento malvado a sentir adrenalina, que el resultado sea eufórico, doloroso o memorable, por eso la mayoría de las veces recurro a la alternativa rápida como: el alcohol, al sexo o las drogas. Me gusta aplazar todo al último momento, me gusta tomar riesgos y tentar los límites, como: planear un viaje en menos de 3 meses o decir el primer “Te amo”. Sí estoy loca, por eso no me gusta que nadie me conozca, que nadie vea el ser extraño que soy.  

A veces tengo las intenciones de vivir rápido para morir rápido, sin quedarme ganas de nada, haciendo las cosas que se me ocurren en el momento. ¿Quién quiero llegar a ser? No lo sé. Lo único que quiero es quitarme el “estúpido” sentimiento de que no valgo nada o que fracasaré en todo lo que decida hacer. Pero como dicen las personas en recuperación: “Vamos un día a la vez”.  

Así que la moraleja o el mensaje que quiero dar antes de cumplir 25 es: Brindo por ello, a partir de los 20 todo se fue en picada, pero es una mierda vivir deprimida, caerte en el hoyo de esperar que las cosas pueden arreglarse por sí solas, no centres tu felicidad en un novio, en el matrimonio, en un trabajo, en una actividad, sumérgete en todos los momentos que quieres hacer y lograr, aunque te cueste el pellejo. Enamórate de ti mismo, Ódiate, compra boletos para el teatro y canta canciones, cualquier cosa absurda que te llene el alma, que por eso estamos aquí. El suicidio no es una opción, si es necesario comienza de nuevo, llora, deprímete, pero no lo hagas permanente porque la vida no espera solamente es pasajera y único que nos queda es seguir.  

Brindo por todos los mortales que pasaron los 25 años y aún siguen con nosotros.  

Salud, con todo mi amor y sinceramente suya…. 

Taciturna anónima.